Cuando te dije
que yo no estaba
era que yo no estaba
no que hubiera muerto
de morir de veras,
sino que como las olas
que salen a respirar
cada cierto rato
entre caprichos de arena
y el sol que respira
por todos nosotros.
Cuando te dije
que yo no estaba
era que yo no estaba
no que hubiera muerto
de morir de veras,
sino que como las olas
que salen a respirar
cada cierto rato
entre caprichos de arena
y el sol que respira
por todos nosotros.
Que de bueno
te podría inventar,
entre tanto pendenciero recuerdo
y triste final.
No alardees,
nunca fuiste mi sueño escondido.
En que estuve a los 9
que me robaba los cigarrillos
en el Quitapenas de mi tia Lala,
desde ahí soy un fraude
lo demás ha sido
envejecer la verguenza
de echarme a morir
como un triste niño
que robaba las hostias
para mis gatitos
cada domingo en la misa,
o después los acordes galanos
de Rabo de Nube
a los 17
mientras soñaba de puro arrojo
ser un villano decente.
Se mece mi memoria
entre las alas
y el misterio
de no poder llegar
allá tan lejos,
con suerte mañana
apenas seamos esto.