En que estuve a los 9
que me robaba los cigarrillos
en el Quitapenas de mi tia Lala,
desde ahí soy un fraude
lo demás ha sido
envejecer la verguenza
de echarme a morir
como un triste niño
que robaba las hostias
para mis gatitos
cada domingo en la misa,
o después los acordes galanos
de Rabo de Nube
a los 17
mientras soñaba de puro arrojo
ser un villano decente.
Se mece mi memoria
entre las alas
y el misterio
de no poder llegar
allá tan lejos,
con suerte mañana
apenas seamos esto.
