Con el sintoma de lo indigno
no puedo fingir silencio
menos en una canción que insiste
en vivir tras de mi
y en un pasillo de sueños
con su destino a quemarropa.
Tengo la imagen de un vidrio roto
que estalló cuando fuí niño,
mi sombra tenía miedo
me vi solo con un pendulo ciego
que no descansaba y que se hundía
en mi destino torpe y sin alas,
puedo decir al fin que mi noche
no termina de arrastrarme
desde entonces.
No encontré la puerta ayer
que hablase del futuro
ni del pasado podría,
me duele eternamente
haber visto sueños repartidos,
la duda era si la luz era real
y la justicia medio rota se levantó
tarde otra vez o no.
