Entre pétalos y escarcha

    No fui de ningún modo

alguien cobarde

ni de todos un pusilánime

de cara rota con gesto serio,

no me besuqueaba en secreto

con la mas linda del barrio,

no volaba con alas prodigiosas

sobre los paraderos de noche

así con mis diecisiete

y los labios rotos

donde ya no hay nadie

ni los inútiles

con sus juegos artificiales.

   No fui de ningún modo

ni por las dudas

un sueño levitando

hasta estrellarme,

solo escondí la mano

entre pétalos y escarcha

y no le dije a nadie.

                                                   


Sin revancha

    Envejecer es de noche

el sube y baja a tientas

un boceto postrero,

tengo ceniza en el pelo

no sé de cuando

tuve sueños mientras tanto

tuve aciertos y derrotas

cada esquina fue un comienzo

y la prisa un arrebato,

pero debo convenir ligeramente

que nadie ha sido olvidado

ni mi gato rubio el Mimozo

ni el viejo Soto que hablaba y hablaba

solamente, diariamente de su hijo ausente.

    Estoy tan viejo sin duda

mi alma torpe y descontenta,

que dice de mi ventana sin el mar

el rechinar de las hojas y el otoño

que traigo oculto entre mi ropa,

me desprolijo a cada momento

mientras recorro las veredas

con serpentinas y vidrios rotos

con la elegancia de las velas.

      Adiós vida sin revancha

despilfarro de tantas bocanadas

sendero sin asunto, sin comienzo ni fin

a medio camino del mientras tanto

mientras ocurre que amanece.

                                                             



Cosas que pasan.

     No tengo idea porque te llamas así,

existe en mi memoria un medania de datos

sin importancia,

a veces me dejo llevar

por el aire y el humo

no puedo ver mas allá de lo que señalas.

       Te creo,

como si fueras la brisa que me reconoció

de aquel instante eterno en la estación Puerto,

son cosas que pasan

como una lluvia de verano

y el miedo que he sentido a veces

 negando el miedo que he sentido a veces,

cruza a la distancia sin piedad

con su voz sin voz

para volverse la obsesión

que se marchó corriendo junto a mí

hasta agotar la única verdad

que permanece,

de la tristeza y la soledad

no se vuelve jamás.

                                                          


La única felicidad.

        Vengase tarde
a la hora que sea,
que yo esté con fantasmas
con cicatrices
con heridas sin cerrar,
que ya no sepa
lo que es la felicidad,
no es motivo para negar un abrazo.
        Cuando ya nada importe
con ciertas certezas
con ciertos errores,
con los fantasmas
las cicatrices,
las heridas sin cerrar
y toda la vida
sea la única felicidad.