No escribo mucho
desde que supe que muchos
escriben como yo,
miro algunos libros
y en alguna sobremesa
me entero de muchos
y su exquisita vanidad
de nombres pomposos
para esconder sus
Pedro, Juan y Diego
vaya uno a saber por qué,
los sigo devotamente
como una burda procesión
para saber si son o no son,
si miran las estrellas
o la luna en el rio
el Olimpo tiene llaves para ellos
viajan y viajan, beben y beben
y su mente sigue ahí
en una antigua fotografía
en el viejo bergere,
su pluma cae al piso de madera
su gato duerme en el enorme sillón
y un papel arrugado en la mano
con el mejor borrador
jamás escrito.
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